Un paseo con raquetas de nieve...

13 marzo 2015

Mamá y Berta:  El pasado fin de semana, tuvimos la oportunidad de hacer una nueva actividad, que nunca habíamos probado... Dimos un largo paseo con raquetas por la nieve, con un día espléndido.  La experiencia no pudo ser mejor y, lo cierto, es que nos encantó y nos quedamos con ganas de más...


Nos costó un poquito aprender a ponérnoslas, pero una vez que le coges el tranquillo no puede ser más sencillo.  Al principio es raro caminar con ellas y parecíamos todos patos mareados.  Sólo un par de minutos, porque después no había quién nos parara.  Los bastones también facilitan bastante la tarea...

El camino era sencillo de seguir, porque estaba marcado con una señales naranjas y se notaba perfectamente por dónde habían caminado previamente otras personas.  No hay peligro de perderse y, en cuanto te alejas un poco de la estación, empiezas a disfrutar del paisaje, de las vistas, de la tranquilidad, de la nieve... de la montaña en definitiva.

Hacia arriba cuesta subir, aunque puedes cambiar el mecanismo trasero de la raqueta y eso ayuda.  No encontramos casi gente, porque no era temprano, y eso hizo aún más agradable y especial el paseo.  A veces, caminando todos en silencio y con la belleza que te rodea en cada rincón, te dejas llevar por tus pensamientos y, sobre todo, respiras paz, sin ruidos, sin prisas, sin agobios.

Hacía tan buena mañana (casi, casi mediodía), que el rato de reponer fuerzas, pudimos sentarnos y disfrutar pausadamente del contenido de las mochilas, sin notar frío... ¿puede haber un restaurante con mejores vistas?  Hasta dio tiempo de tirarnos unas cuantas bolas, que cada vez eran más grandes y lanzadas con más acertada puntería...

Era inevitable parar y hacer fotos, cualquier lado o posición era excelente, porque no podía ser más impresionante lo que veíamos... En verano sin duda la montaña es preciosa, sin embargo, ese aspecto tan blanco, tan lleno de luz y reflejo, le da un puntito fotogénico inigualable. 


Lo mejor era girar en las curvas del camino y descubrir un nuevo paisaje, otra ladera, una distinta perspectiva... nada defraudaba.  Cuesta abajo podías deslizarte un poco, casi resbalarte y eso también era muy divertido.

Además, después de caminar y caminar, de subir y bajar, de terminar satisfechos y con ganas de repetir la ruta programada, la mejor recompensa es quitarte las raquetas, sentir de nuevo tus pies más ligeros y pensar en el buen baño de agua caliente que te espera. 
Sin duda, es una experiencia muy recomendable, apta para todos los públicos, para todas las formas físicas y para todos los bolsillos...

No hay comentarios

Publicar un comentario

Nos encanta que comentes, por favor, no olvides hacerlo...
¡¡Gracias por tus comentarios!!