Unas partidas de bolos

10 febrero 2015

Mamá: En invierno, con el frío y el mal tiempo, no queda otro remedio que proponer planes alternativos.  Antes de Navidad, por esas cosas de la vida, tuve la oportunidad de probar una partida a los bolos, y me pareció bastante divertido.  Ahí quedó el gusanillo y por eso una tarde de sábado, les propusimos a los peques ir a echar unas partidillas en familia, para comprobar qué tal se nos daba el tema a todos.  Ellos habían probado en celebraciones de cumpleaños, así que se animaron enseguida y les pareció genial la propuesta. 


La bolera estaba llena de gente, así que tuvimos que esperar un ratito.  Pensamos encontranos con cumpleaños de niños, pero la verdad es que estaba llena de familias y grupos de amigos.  Para empezar nos dieron unos zapatos adecuados.  Si te paras a pensarlo, no te los pondrías nunca, pero confíamos en la higiene de la gente y en el spray mágico que les echan cuando te los quitas.  Después nos dirigimos a nuestra pista, con dos partidas por delante.  Los mayores lo teníamos más complicado, porque no teníamos barreras laterales y, a veces, las bolas se iban por el carril de los lados sin tirar ni un solo bolo. 

El tiempo se pasa volando y es entretenido, las partidas se hacen cortas y seguirías jugando.  Poco a poco le vas cogiendo el tranquillo, aprendes qué dedos tienes que meter en los agujeros y perfeccionas el balanceo del brazo y la postura de los pies.  Es importante también agacharse un poco cuando haces el lanzamiento.  Lo pasamos muy muy bien, así que tendremos que repetir.  Además me tienen que dar la revancha, porque creo que quedé la última, aunque para la próxima ya he aprendido algún truco.  


Berta:  Una tarde de sábado, hace poco, como hacía frío y no apetecía nada en la calle o paseando por ahí, decidimos ir a la bolera, para pasar una tarde divertida todos juntos en familia y probar los que todavía no habían tenido la oportunidad. Yo ya había jugado varias veces a los bolos, en el cumple de una amiga y en el mío, cuando lo celebré el año pasado con mis amigas.  Es súper divertido, aunque no ganes te lo pasas genial, intentando tirar el mayor número de bolos posible.

Cuando llegamos nos dieron unos zapatos especiales, para no resbalarse en las pistas y supongo que también para no estropearlas con los de la calle. Una vez allí, cada uno eligió el peso de la bola que más se adaptaba a su gusto, yo jugaba casi todo el rato con las de siete y ocho kilos. A los pequeños nos ponían unas barreras en los laterales, para que la bola no se fuese por los lados. Así era mucho más fácil tirar los bolos, porque si se iba al tocar esa barrera volvía a pista.  Papá y mamá lo tenía más díficil.


Me lo pasé de maravilla durante la tarde, y la verdad es que lo hacía bastante bien. Jugamos dos partidas, con 10 tiradas cada uno.  En cada tirada lanzas dos veces la bola.  En la primera yo gané y en la segunda quedé en segundo puesto, pero la verdad es que tenía más experiencia jugando a los bolos que los demás, por lo que contaba con cierta ventaja. En los marcadores salían nuestros nombre con la puntuación.  Si no lo habéis probado todavía, os lo recomiendo porque es muy fácil cuando le pillas el truco, es muy entretenido y te ríes bastante.  


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