¿Soy buena madre?

24 febrero 2015

Mamá:  Hace unos días (bueno, casi un mes ¡cómo pasa el tiempo!), en algunos de los blogs más visitados del país, surgió un tema que suele ser bastante habitual entre nosotras.  En resumen, la cuestión es ¿Soy buena madre?.  Creo que todo empezó con esta entrada de Hola mamá blog: "Ser madre hoy; un equilibrio muy inestable".  Paula tuvo una jornada complicada y se planteaba si nuestro papel actual, "supone un orgullo o más bien un cúmulo de ataduras, que hace que quieras ser perfecto en todo y que al final nunca llegues a hacer las cosas como realmente quieres, llenándote de stress y de ansiedad".
 
Esa misma mañana pudimos leer la respuesta de Baballa: "¿Te consideras a veces una mala madre?".  De su texto, muy recomendable como siempre, me quedo con esta frase: "A veces solo necesitamos que alguien nos recuerde que podemos equivocarnos, que ser madre no es fácil y es agotador, pero también es fascinante y muy muy gratificante y sobre todo que lo estamos haciendo lo mejor que podemos".

Existe hasta un Club de Malas Madres, "con mucho sueño, poco tiempo, alergia a la ñoñería, con ganas de cambiar el mundo o al menos de morir en el intento… En 4 sencillos pasos sabrás si eres una de ellas". 

Y es que ser madre no es nada fácil.  Por lo que veo y he vivido hasta ahora, no lo es en ningún momento.  Pero ahora que tengo ahí mismo la adolescencia y empiezo a notar algo en ellas, intuyo que esto se complica y bastante.  Es cierto que ya tienen una mayor autonomía, que pueden hacer muchas cosas solas, que no te necesitan tanto, pero por otro lado, empiezas a notar cambios en su actitud, en sus respuestas, en su forma de verte, en sus reacciones.  Desde luego, se acabó aquello de "porque lo digo yo y punto". 

En muchas situaciones surgen dudas sobre si lo estás haciendo bien o no.  Después de reñirles o castigarles, casi siempre sufrimos más las madres que ellos.  Tenemos hasta remordimientos y nos sentimos culpables por no haber tenido más paciencia o no haber sabido mantener la calma.  Pero es que hay veces que todo tiene un límite y también tenemos sangre en las venas.  Ese sentimiento de culpa nos acompaña demasiado y es difícil dejarlo a un lado. 

Hay ocasiones en las que tienes más ganas de negociar y pactar con ellos, pero en otras sus enfados, sus lloros, sus contestaciones, sus pataletas son casi imposibles de soportar.  Intentas dialogar siempre, sin embargo no es sencillo hacerles entender o comprender lo que tú ves tan claro, lo que tú experiencia te dicta, lo que acabarán descubriendo tarde o temprano.  A partir de cierta edad, todavía se complica más.  Tienen más secretos, más parcelas a las que tú no llegas, empiezan a contar más las opiniones y actitudes de sus amigos... 

Te mueves entre "tengo que controlar su móvil, el ordenador, lo que ve, lo que lee", porque así lo recomiendan los expertos, y el "¿cómo voy a entrar así en su intimidad?, no puedo traicionar su confianza".  Quieres ser su madre y en la medida de lo posible su amiga, mimarles, protegerles, darles cariño sin agobiarles, que te cuenten todo, que recurran a ti ante cualquier problema... y, en cambio, ellos quieren su espacio, su libertad, tenerte sólo cuando ellos deciden, hacerte partícipe de aquello que ellos consideran... 

Sin darte cuenta, te han desplazado un poquito, te quieren, pero ya no eres infalible, no lo sabes todo, sueltas muchos rollos, no guasapeas con dos dedos, quieres imponer tu disciplina, te gusta excesivamente el orden y preguntas demasiado.  Y mientras tú, te sorprendes cuando te cierran la puerta del baño, cuando se bajan el hombro de la camiseta, cuando se pegan dos horas delante del espejo, cuando eligen su ropa y a ti no te gusta...

Es complicado, aunque al mismo tiempo, es increíble ver crecer a tus hijos, descubrir nuevas facetas en ellos, poder mantener conversaciones nuevas de asuntos no ya tan infantiles, verles tomar sus propias decisiones, observarles en otras situaciones, acompañarles en cada etapa que inician, enseñarles lo poco que tú sabes, aconsejarles en la medida de tus posibilidades...

Seguro que acertamos bastante y, sin duda, también nos equivocaremos y cometeremos errores... porque no hay manual de la madre o el padre perfecto, no hay libro de instrucciones para el uso correcto del hijo, no hay una línea recta en el camino de la que no debes salirte.  Hay aciertos y fallos, hay días mejores y momentos peores, pero lo más importante, es que hay amor, amor del bueno, del incondicional e ilimitado, del "para siempre" y del "hagas lo que hagas", del "nunca te fallaré y estaré ahí para ti, cuando quieras, como quieras, donde quieras".

Y a partir de ahí, hacemos TODO lo que podemos, TODO lo que está en nuestra mano, lo posible y lo imposible, lo que no haríamos por nosotras lo hacemos por ellos. 
 

Una caja con muchas posibilidades

17 febrero 2015

Mamá:  Para los invitados no adultos (había de todas las edades, no eran todos niños) de la comunión del peque, preparamos unas cajitas repletas de chuches.  Eran bastante amplias, así que pudimos meter muchas cositas, de esas que les encantan a todos, dulces y saladas.  El modelo que elegimos era de Selfpackaging

En su web, puedes encontrar todo tipo de cajas, para infinidad de productos. Además, te enseñan con videos completísimos a montarlas y te dan un montón de sugerencias para decorarlas). A juego con la decoración de la comunión en general, nosotros nos quedamos con las de color cartón.  Por dentro les pusimos papel de seda también en tono azul, para proteger lo que llevaban dentro.
Para la parte de fuera, hicimos unas pegatinas, para que diesen un toque de color a la parte exterior, con dibujos similares a las invitaciones, a los centros de mesa, a los cartelitos de la mesa de chuches... ¡todo en la misma línea!
Como ya os contamos en una ocasión, en Navidad nos entregamos regalos hechos por nosotros mismos, son los "regalos artísticos".  Berta os enseñó sus preciosas "cajitas de la felicidad", que eran una auténtica chulada y que todos guardamos, para no olvidar su mensaje.  
Pues bien, este año, como nos habían quedado cajitas de sobra de la comunión (nos mandaron alguna de más, por si se nos estropeaban al trabajar con ellas, ¡todo un detalle!), yo hice unas cajitas de renos, inspiradas en unas que habían preparado en Sefpackaging, para dar ideas.  No era el mismo modelo, pero yo lo adapté a lo que tenía...

Y el resultado lo podéis ver en las distintas fotografías... Por supuesto no podía faltar el "toque troqueladora", por fuera y por dentro, ya que iban llenitas de pequeñas estrellas, de colores muy navideños, rojo, verde...

No sólo eso, dentro escondían un postre sorpresa... De eso no tengo foto, pero te podía tocar una deliciosa tartita de queso, un suave tiramisú o un calentito y relleno brownie de chocolate... para todos los gustos.

Después la caja se puede utilizar para guardar cositas o para decorar la próxima Navidad...

Este no es un post patrocinado... (como dice otras super blogueras), pero es que nos gusta esta marca, porque ofrece todo tipo de cajas, te asesoran, te mandan muestras si necesitas previamente, responden a tus dudas... Así que simplemente, desde nuestra experiencia, os la recomendamos...

Celebremos San Valentín...

13 febrero 2015

Mamá y Berta: ¡Sí! Celebremos San Valentín... una fiesta comercial, muy muy hortera, un invento rídiculo de los centros comerciales, con entrega de regalos con muchos corazones, con muchos lazos rojos... ¡Es cierto! pero podemos celebrarlo de mil formas diferentes y no sólo dirigido a ese amor convencional...
Podemos preparar un desayuno especial a nuestros hijos, a nuestros padres o incluso a nuestro amor... También podemos escribir un mensaje dedicado a esa persona que está flojilla, que no está pasando una buena racha, que necesita un empujoncito en este momento de su vida por cualquier motivo...
Podemos elaborar una tarta de chocolate blanco deliciosa para compartir con toda la familia, por tarde viendo fotos de hace tiempo, y celebrar que ¡nos queremos! A pesar de que discutimos, nos gritamos, peleamos por las patatas fritas, enredamos, nos picamos, no compartimos, nos enfadamos, no nos entendemos...

También podemos sorprender a alguien con un chocolate espeso, con un toque de nata y bien caliente, acompañado de algo dulce, hecho con el mejor ingrediente, el cariño.  Estamos pensando en unas crujientes palmeritas de hojaldre, en unos lacitos con miel, en unas galletas ricas riquísimas con chocolate y una bonita decoración o en unas lenguas de gato.


Podemos escribir una carta de esas que ya no se reciben y decorar el sobre con detalles llenos de amor.  O mandar un correo electrónico, con palabras cariñosas y con un fondo positivo.  Si no tenemos tiempo o nos falta inspiración, siempre podemos recurrir a un sencillo whatsapp original y dedicado, un "buenos días, cariño" muchas veces es suficiente.

Podemos dar un nuevo uso a una caja roja que tenemos por casa, poniéndole una frase y algún corazón.  Podemos utilizar la troqueladora de corazón para colocar unos cuantos por ahí, dando un toque.  O poner un lazo rojo en su taza, en su cucharilla o en la respostería que va a tomar junto al café o al vaso de leche.

Podemos dejar un bombón o una chuche en la almohada, para que la descubran a la hora de ir a dormir, o preparar algo que les apetezca mucho para cenar, aunque te de mucha mucha pereza... una pizza, un quiche de sus ingredientes preferidos o una buenísima empanada que hemos aprendido ultimamente.

Si nada de esto es posible, vamos a dar besos y a regalar abrazos.  Dediquemos un ratito a hacer sólo eso, a hacer y a recibir mimos.  A decirnos cuánto nos queremos, cuánto nos gusta compartir momentos, cuántas veces hemos pensado en la otra persona durante el día y cuánto nos echamos de menos, cuando no estamos juntos...

Celebremos el 14 de febrero, y el 15, y el 16, y el 17, y el 18, y el 22 de marzo, y el 23 de abril, y el 24 de mayo, y el 25 de junio, y el 26 de julio... Aprendamos a disfrutar y a celebrar cada fecha, porque todos los días son especiales y, sobre todo, únicos.

Unas partidas de bolos

10 febrero 2015

Mamá: En invierno, con el frío y el mal tiempo, no queda otro remedio que proponer planes alternativos.  Antes de Navidad, por esas cosas de la vida, tuve la oportunidad de probar una partida a los bolos, y me pareció bastante divertido.  Ahí quedó el gusanillo y por eso una tarde de sábado, les propusimos a los peques ir a echar unas partidillas en familia, para comprobar qué tal se nos daba el tema a todos.  Ellos habían probado en celebraciones de cumpleaños, así que se animaron enseguida y les pareció genial la propuesta. 


La bolera estaba llena de gente, así que tuvimos que esperar un ratito.  Pensamos encontranos con cumpleaños de niños, pero la verdad es que estaba llena de familias y grupos de amigos.  Para empezar nos dieron unos zapatos adecuados.  Si te paras a pensarlo, no te los pondrías nunca, pero confíamos en la higiene de la gente y en el spray mágico que les echan cuando te los quitas.  Después nos dirigimos a nuestra pista, con dos partidas por delante.  Los mayores lo teníamos más complicado, porque no teníamos barreras laterales y, a veces, las bolas se iban por el carril de los lados sin tirar ni un solo bolo. 

El tiempo se pasa volando y es entretenido, las partidas se hacen cortas y seguirías jugando.  Poco a poco le vas cogiendo el tranquillo, aprendes qué dedos tienes que meter en los agujeros y perfeccionas el balanceo del brazo y la postura de los pies.  Es importante también agacharse un poco cuando haces el lanzamiento.  Lo pasamos muy muy bien, así que tendremos que repetir.  Además me tienen que dar la revancha, porque creo que quedé la última, aunque para la próxima ya he aprendido algún truco.  


Berta:  Una tarde de sábado, hace poco, como hacía frío y no apetecía nada en la calle o paseando por ahí, decidimos ir a la bolera, para pasar una tarde divertida todos juntos en familia y probar los que todavía no habían tenido la oportunidad. Yo ya había jugado varias veces a los bolos, en el cumple de una amiga y en el mío, cuando lo celebré el año pasado con mis amigas.  Es súper divertido, aunque no ganes te lo pasas genial, intentando tirar el mayor número de bolos posible.

Cuando llegamos nos dieron unos zapatos especiales, para no resbalarse en las pistas y supongo que también para no estropearlas con los de la calle. Una vez allí, cada uno eligió el peso de la bola que más se adaptaba a su gusto, yo jugaba casi todo el rato con las de siete y ocho kilos. A los pequeños nos ponían unas barreras en los laterales, para que la bola no se fuese por los lados. Así era mucho más fácil tirar los bolos, porque si se iba al tocar esa barrera volvía a pista.  Papá y mamá lo tenía más díficil.


Me lo pasé de maravilla durante la tarde, y la verdad es que lo hacía bastante bien. Jugamos dos partidas, con 10 tiradas cada uno.  En cada tirada lanzas dos veces la bola.  En la primera yo gané y en la segunda quedé en segundo puesto, pero la verdad es que tenía más experiencia jugando a los bolos que los demás, por lo que contaba con cierta ventaja. En los marcadores salían nuestros nombre con la puntuación.  Si no lo habéis probado todavía, os lo recomiendo porque es muy fácil cuando le pillas el truco, es muy entretenido y te ríes bastante.  


Os recomendamos dos libros

06 febrero 2015

Mamá: Hace un frío horrible. Una ola de bajas temperaturas, viento y nieve recorre todos los rincones.  Así que os recomendamos un fin de semana caserito, de sofá, bebida caliente, manta y calcetines.  Como entretenimiento para esos ratos, hemos pensado hablaros de dos libros, para que estéis entretenidos.  Yo he leído "El Secreto de mi marido" de Liane Moriarty.  No me digáis que el título no promete y es que hay verdades que no deberías descubrir nunca.

Imagina que tu marido te hubiera escrito una carta para que la abrieras después de su muerte. Imagina también que la carta contuviera su secreto más oscuro y mejor guardado, capaz de destruir vuestra vida juntos y también otras vidas ajenas. Imagina, entonces, que encontraras la carta mientras tu marido todavía estuviera en plenitud de facultades y tú eres relativamente feliz, tu vida está complemente organizada y planificada, y además tienes tres hijas que adoran a su padre. 
 
Es una novela entretenida, que se lee muy rápidamente y que cuenta la historia de tres mujeres, relacionadas con la carta de referencia.  Las protagonistas son Cecilia, la esposa del autor de la misiva, Rachel y Tess.  Tres mujeres con tres vidas muy diferentes.  No es una gran obra de la literatura, quizás sea un poco predecible y el final un poco convencional, pero es de agradable lectura y recomendable.  Como siempre el objetivo es pasar un buen rato y esta novela lo consigue, además seguro seguro que os surge la pregunta ¿Qué hubiese hecho yo en su lugar en esa situación? 


Berta:  En el cole tenemos que leer dos libros por trimestre, uno obligatorio para todos los alumnos igual y otro que podemos elegir.  En la primera evaluación, como segundo libro yo elegí: "No pidas sardinas fuera de temporada". Un título muy peculiar para una historia entretenida.  Es el primero de una colección, dedicada precisamente al protagonista, Flanagan. La historia va de detectives.  Los autores son Andreu Martin y Jaume Ribera. 

El libro fue escrito en 1987, pero trata temas que son actuales.  El protagonista es Juan Anguera, más conocido como Flanagan. Su afición es investigar cosas pequeñas del colegio, junto a su hermana Pili. Pero en esta ocasión, se trata de un caso diferente, es sobre el hermano de María, una compeñera de clase. Elías, empieza a sacar dieces, cuando lleva repitiendo 3 veces y eso es imposible. Por ese motivo comienzan a hacer averiguaciones.  
 
Entonces todo se complica, porque descubren los problemas que tiene Elías: los moteros (el Puti y sus secuaces) y con el padre de Clara Longo (ella es la chica más guapa del colegio).  Y eso causa muchas aventuras, líos y temas muy serios.  El libro me ha gustado, aunque alguna parte me costó un poco entenderla.  Quizás es un libro más adecuado para gente un poco más mayor.  De todas formas, destaca valores como la amistad y que hay que hacer siempre lo correcto, aunque hacerlo tenga otras consecuencias negativas. 


Añadimos chocolate a las galletas...

03 febrero 2015

Mamá y Berta: Seguimos con las galletas ricas, riquísimas... porque ya os comentamos que les pusimos chocolate por encima, con una bonita decoración y las tenemos que enseñar. 

Como veis, preparamos galletas con chocolate blanco y otras con chocolate con leche... así había para todos los gustos y preferencias.
Es muy entretenido rellenar los moldes con el chocolate fundido... teniendo cuidado para que no quede ningún huequecito sin el ingrediente.


Para hacer estas plaquitas de chocolate, lo primero es deshacerlo al baño maría o bien poco a poco en el microondas, vigilando para que no se queme.  

Después, como os hemos comentado, hay que verterlo en el interior de las cavidades del modo de silicona, con atención y dedicación.
Esperamos a que el chocolate se solidifique y entonces se extrae del molde...
Aquí abajo podéis ver los moldes...

Nos queda montar la galleta final y completa...
Para el montaje, ponemos un poco de chocolate fundido sobre la galleta y colocamos encima una plaquita de chocolate ejerciendo una ligera presión...
Y así, de esta forma sencilla, ya están listas las galletas ricas riquísimas pero ¡¡con chocolate y una bonita decoración!!
Si las normales estaban buenísimas, imaginad cómo estaban las de chocolate... Las guardamos en una caja, pero enseguida la encontramos vacía...