Las ventanas de Provenza

18 noviembre 2014

Mamá y Berta: Este verano pasamos unos días en la Provenza francesa.  Si piensas en esta región del país vecino seguro que recuerdas enormes campos de lavanda, en colores malva y violeta.  Con la misma se fabrican todo tipo de productos, que puedes encontrar en numerosas tiendas, decoradas con mimo y buen gusto, cuidando los detalles, con un atractivo envoltorio y un agradable aroma. 

 
Un buen momento para viajar hasta allí es medidados de julio, cuando comienza la época de recolección y los aromas de los campos de lavanda lo impregnan todo.  Después, se procede a su secado, durante dos o tres días, antes de ser transportada a las destilerías. Nosotras no viajamos en este momento del año, pero nos contaron que es impresionante ver este maravilloso espectáculo. Y buscando, buscando pudimos encontrar todavía algún campo con lavanda. También sus carreteras tienen un encanto especial, bordeando los numerosos campos de lavanda, pero también de viñedos y trigo.


Pero la Provenza no es sólo lavanda. Situada al sur de Francia, entre el mar y la montaña, es una tierra llena de luz, una tierra muy mediterránea. Puedes encontrar en ella múltiples opciones y diversidad, pero no puedes perderte el Palacio de los Papas en  Aviñón, el Anfiteatro de Arles, la Ciudadela Vauban de Briançon, el Castillo de Les Baux de Provenza o el Museo Granet de Aix-en-Provenza.


Desde luego, no es casualidad que Cézanne y Van Gogh, dos genios de la pintura obsesionados con el color y la luz, eligieran la Provenza como refugio y tema de sus obras. A través de sus cuadros, todos hemos viajado alguna vez por los bonitos paisajes y por los bellos pueblos de esta región francesa, que invita a que la descubras poco a poco, deteniéndote en cada detalle, mientras disfrutas de sus acogedoras terrazas y sus rincones.


Es imprescindible ir parando en cada una de sus localidades, perderte por sus calles, pasear sin estar pendiente del mapa, disfrutar de su gastronomía, de buenos aperitivos o una copa de vino, y fijarte en las fachadas ocres de sus casas y edificios, tan características, plagadas de ventanas. Pueblecitos como Gordes, Tarascon, Saint-Rémy-de-Provence, Aix-en-Provence o Les Baux-de-Provence merecen un buen rato. 


Y si algo nos gustó especialmente, fueron sus fachadas de piedra y sus ventanas, pintadas de alegres colores, abiertas a la luz y llenas de vida.  La mirada siempre se dirige hacia ellas, imaginando su interior y el día a día de sus habitantes, escuchando los sonidos que salen de las mismas, las voces en un tono bajo y oliendo comidas recién hechas.


Un pequeño paseo por la Provenza siempre merece la pena... aunque sea a través de fotografías y bonitos recuerdos de unas vacaciones ya pasadas.  Y nosotras os invitamos a compartirlo a través de de nuestro pequeño blog.


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