Cuando Berta soltó una mariposa...

24 mayo 2013

Mamá:  Hace ya unos años, pudimos disfrutar de un viaje realmente inolvidable, en un destino increíble, Costa Rica.  Una de las zonas que visitamos dentro de este maravilloso país, fue Monteverde.  Una zona muy verde pero muy lluviosa.  Así que un día que amaneció lloviendo, pensamos hacer algo diferente e hicimos una visita muy especial, a un Mariposario en el que pudimos ver muchos de estos animalillos.

Vimos otros animales e incluso la forma de vida de las hormigas, a través de un cristal, por lo que se podía observar todo como nunca lo habíamos visto antes.  La visita la hicimos solos, con una guía que nos enseñó con detalle las instalaciones y de una forma muy didáctica, cosa que le agradecimos, sobre todo por los niños.  Fue muy interesante porque era un lugar realmente curioso.  Pero sobre todo, fue una experiencia total.

Los niños pudieron disfrutar de un momento único.  Además de contemplar mariposas muy cerquita, pudieron incluso tocarlas y ver como se posaban en su mano.  Recuerdo como miraban, con la boca abierta y sin perderse nada de lo que pasaba.  En unos botes les dieron una mariposa a cada uno, que pudieron coger y después soltar.  Pero lo más emocionante fue cuando les entregaron otro cubo, con unas maripositas que habían nacido ese mismo día y a las que pudieron poner el nombre que eligieron.  Así que alguna vez todavía preguntan por su mariposa...



Berta:  Cuando hicimos el viaje a Costa Rica, fuimos a un parque natural que se llamaba Monteverde.  Allí había un mariposario, llamado El jardín de la mariposas.  Soltamos mariposas, yo dos, una que era grande y otra más pequeña, de hecho nos contaron que había nacido ese mismo día.

La mariposa grande era por fuera marrón y al comenzar a volar se veía azul, la pequeña también era de color azul.  Eran muy bonitas. Además recuerdo que, cuando hacíamos excursiones por la zona, veíamos un montón volando. Nos dijeron que, a las recién nacidas, podíamos ponerles un nombre. A la mariposa que solté yo, la llamamos Berta.  Fue una experiencia inolvidable, nunca me olvidaré de las mariposas que tuve en mi mano y que pude echar a volar.

En el mariposario, además de otros animales, había un montón de mariposas, de muchos tipos diferentes. Pero todas tenían las alas de diferentes formas y colores. Antes de echar a volar, la mariposa se me posó en el dedo, fue muy chulo. Nos ayudó una monitora que se llamaba Sara. A mis hermanos también les dejaron un bote con una mariposa. Muchas veces recordamos ese momento, porque fue especial, no todo el mundo tiene una con su nombre.




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