Delicioso bundt cake de oreo

22 enero 2016

Mamá y Berta: ¡Madre mía! Nos hemos tomado lo de las vacaciones muy en serio... ya casi vamos a vencer la cuesta de enero, que siempre resulta bastante empinada. Hasta hemos superado el día más triste del año.

Hemos hecho una receta buenísima y tenemos que enseñarosla, para que podáis hacerla y probar que realmente merece la pena prepararla.  En esta ocasión, el blog que nos ha inspirado es El jardín de mis recetasEsther, en su pequeño rincón de cocina, probó un increíble bundt cake de oreo y no pudimos resistirnos.


Los ingredientes son los siguientes: 

* 4 huevos L
* 260 gramos de azúcar blanco
* 120 gramos de azúcar moreno
* 2 yogures naturales
* 2 cucharaditas de extracto de vainilla
* 170 ml de aceite de girasol
* 375 gramos de harina común
* 1 cucharada de levadura en polvo de repostería
* 1 pellizco de sal
* 1 paquete de galletas Oreo
* Azúcar glas para decorar el bizcocho


Y comenzamos con la preparación.  Para empezar, precalentamos el horno con la función de calor arriba y abajo a 180 grados, con la rejilla en el centro. 

Después, engrasamos el molde con un poco de mantequilla y lo espolvoreamos con harina.  Lo sacudimos para retirar el exceso, poniéndolo boca abajo.  También tamizamos la harina con la levadura y la sal.

Continuamos batiendo los huevos en un bol, hasta que doblen su volumen y estén espumosos.  Sin dejar de batir, añadimos poco a poco los dos tipos de azúcar.  En este punto, se agregan los yogures, el aceite de girasol y el extracto de vainilla.  Hay que seguir batiendo a velocidad baja hasta que estén totalmente integrados.

Entonces se incorpora la harina tamizada con la levadura y la sal, despacio se va mezclando con una espátula de silicona, con suavidad. Por último, añadimos las galletas oreo troceadas.  Hay que mezclarlas bien, para que queden repartidas por toda la masa. 


Vertemos la masa en el molde y le damos unos golpecitos de arriba a abajo, para que se asiente bien.  Y lo metemos en el horno a 180 grados, durante unos 40 ó 50 minutos (todo aproximado, porque cada horno es un mundo).  Se puede hacer la prueba del palillo, si pinchamos en el centro y sale limpio, es que está bien horneado.

Se saca del horno y se deja reposar sobre una rejilla durante unos 10 minutos.  Se desmolda y se deja enfríar totalmente en la rejilla.  Cuando está totalmente frío, se espolvorea con azúcar glas y... ¡¡listo!! 


Ya tienes un delicioso bizcocho para desayunar, para merendar, para el cafecito, para el postre... ¡¡no vas a poder resistirte!! (y lo sabes)



¡¡¡Feliz Navidad!!!

25 diciembre 2015


El otoño también tiene su punto

04 diciembre 2015

Mamá y Berta:  Este año, por una vez y sin que sirva de precedente, nos hemos propuesto, aunque nos cueste un esfuerzo enorme y no tengamos claro si lo conseguiremos... ¡disfrutar del otoño! Siempre nos ha dado mucha pereza cuando llega, los días más cortos, la niebla, el frío, la ropa más oscura y abrigada, las manos heladas, la manta en el sofá, los calcetines, las medias y los leotardos preparados...


Pero, ¿por qué no darle una oportunidad a esta estación?  Va unida y asociada a nostalgia, a tristeza, a tardes largas y caseras, a manga larga, a mañanas frescas, a pocos paseos y menos terrazas... ¿Por qué no verla como una temporada fotogénica? ¿por qué no animarnos a caminar por la montaña bien abrigaditos o a descubrir nuevos rincones en la ciudad?


¿Por qué no quedar con alguien, con la excusa de un café en un lugar de moda o en uno que no visitas desde hace tiempo, y perder toda la tarde en una larga conversación sobre las cosas pequeñas (o grandes) de la vida? ¿Por qué no dedicarte, con un chocolate caliente entre las manos, a ver fotos de buenos momentos, de imborrables viajes o de tu infancia?


¿Por qué no salir al campo o al centro, sin olvidar una amorosa chaqueta de lana o un jersey grueso de cuello largo, y hacer fotos diferentes de tu sitios preferidos, desde otra perspectiva, con una mirada distinta, con un encuadre inesperado, con otros protagonistas, con una nueva luz, amaneciendo o con la luna al fondo?


¿Por qué no pararte simplemente un instante y llenar tu mente de recuerdos, de los que dibujan una sonrisa en tu boca o de los que empañan tus ojos de una forma suave, casi dulce, de esos que nos ponen tristes, pero no duelen; de esos que nos hacen respirar profundo, de esos que permanecerán en nuestro corazón porque son parte de nosotros?


¿Por qué no rescatar un buen libro de la estantería, de aquellos que conservamos en papel, porque no olvidamos uno de sus fragmentos, una de sus frases, uno de sus personajes o su comienzo, o su final, porque nos hizo reír, o llorar, o sufrir, o sobre todo, porque nos hizo sentir, o pensar o concentrarnos lejos de nuestros problemas?


¿Por qué no abrir una botella de vino y saborear una copa, con una luz tenúe, sin ninguna prisa, oliendo su contenido, paladeando su sabor, mientras escuchamos música, muy bajita o a todo volumen, recostados en el sofá o bailando y girando por la habitación, solos o con alguien, improvisando o con pasos ensayados?


¿Por qué no pararte en una representación callejera o ir a ver una obra de teatro, o a un concierto o de tapeo? ¿Por qué no probar una receta que no te has atrevido a hacer nunca o a leer poesía, aunque siempre has pensado que no es lo tuyo? ¿Por qué no intentar fabricar un regalo para alquien especial o escribir una carta a quien amas, sin emoticonos, con las palabras completas y con tu mejor letra?


¿Por qué no aprovechamos el otoño y damos gracias a la vida por brindarnos tantas oportunidades de sentir la felicidad de una forma tan fácil y sencilla?